Archivo / Carta encíclica / 2013
«La luz de la fe» — comenzada por Benedicto XVI, firmada por Francisco
Una encíclica nacida a cuatro manos: la pensó y casi terminó Benedicto XVI para cerrar el «Año de la Fe», y la firmó —pocos meses después de su elección— el recién estrenado Papa Francisco. Un signo, ya en su origen, de que la fe no es propiedad de nadie: se recibe, se hereda, se transmite. Antes de hablar de justicia social, de trabajo o de ecología, la Iglesia necesitaba decir con claridad qué es lo que la sostiene a ella misma: la luz de la fe.
Vivimos —dice la encíclica— en una cultura que sospecha de la fe: la imagina como un salto ciego en la oscuridad, una muleta para los débiles, una luz «subjetiva» que sirve para consolar el corazón propio pero que no se puede ofrecer a nadie más como verdad común. Lumen Fidei da vuelta esa imagen por completo: la fe no apaga la razón ni la sustituye; la fe es, literalmente, luz. Una luz que no viene de nosotros, sino de un encuentro: el encuentro con Dios que se revela, que habla, que llama por el nombre, como llamó a Abraham a salir de su tierra sin saber a dónde iba.
La encíclica recorre la historia de la fe en la Escritura —Abraham, Israel, y sobre todo Jesucristo, en quien «la luz de la fe llega a su plenitud» porque Él es «la luz del mundo» hecha carne, rostro visible, tocable, crucificado y resucitado—. Y subraya algo decisivo para todo lo que vendrá después en la Doctrina Social: la fe nunca es solo un acto privado e individual. Se profesa siempre en plural: creemos. Se recibe de una madre que es la Iglesia, se transmite de generación en generación, y por eso tiene memoria, tiene cuerpo, tiene comunidad.
Por último, la encíclica conecta la fe con la verdad y con el bien común. Sin la convicción de que existe una verdad que nos antecede y nos excede —no inventada por nosotros ni por el poder de turno— no hay fundamento sólido para los derechos humanos, para la justicia social ni para el amor al prójimo: todo queda a merced de quien tenga más fuerza para imponer su versión de los hechos. Por eso, aunque parezca el documento «más teológico» de este archivo, en realidad es su cimiento: sin esta luz, todo lo que después se dirá sobre el trabajo, los pobres y la fraternidad se queda sin raíz.
Una fe verdadera no se mide por cuánto sabes sobre Dios, sino por cuánto se deja ver en tu manera de vivir, decidir y amar.
¿Tu fe se enciende solo los domingos en el templo y se apaga en cuanto entras a tu oficina, tu universidad o tus redes sociales?
¿Cuántas veces callaste lo que creías por miedo al ridículo, al «qué van a pensar», cuando una palabra de fe podía haber iluminado a alguien?
¿Detrás de tus prácticas religiosas hay todavía un encuentro vivo con una Persona, o ya es solo costumbre, automatismo, repetición vacía?
¿Aceptas la fe que la Iglesia te entrega entera, con lo que te resulta cómodo y con lo que te exige, o te fabricas una religión hecha solo a tu medida?
¿Tienes miedo de que estudiar, dudar o preguntar te aleje de Dios? La fe verdadera no le teme a ninguna pregunta honesta.
Nadie cree solo: la fe se recibe, se cuida y se transmite en comunidad. ¿Tienes una comunidad —parroquia, grupo, familia— que sostenga tu fe cuando flaquea?
La encíclica recorre la historia bíblica de la fe como un camino. Estos son algunos de sus hitos: ábrelos y deja que también sean tu propio camino.
La vocación de Abraham, «padre de los creyentes»: Dios lo llama a salir de su tierra sin más garantía que su Palabra. Así empieza toda fe verdadera: con una salida.
Génesis 12:1-4«Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.» La fe no es un mérito que se acumula: es una confianza que se entrega, y Dios la responde con su justicia.
Génesis 15:6«La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» La definición más clásica de la fe en toda la Escritura.
Hebreos 11:1«Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros.» La fe cristiana no cree en una idea abstracta: cree en un rostro concreto, que se puede tocar, seguir y amar.
Juan 1:14«Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.» La fe de quienes vendrán después de los testigos directos —la tuya, hoy— tiene el mismo valor y la misma dignidad.
Juan 20:29«La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» Nadie se inventa la fe a solas: la fe llega de afuera, a través de otro que la anuncia.
Romanos 10:17Pedro camina sobre el agua mientras mira a Jesús, y se hunde apenas mira la tormenta. Toda fe real conoce también la duda, el viento y el miedo a hundirse.
Mateo 14:22-33No respondas de memoria lo que «se supone» que debes responder. Detente, respira y contesta de verdad, como si Dios mismo te lo preguntara —porque, en cierto modo, te lo está preguntando.
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El texto íntegro y oficial de Lumen Fidei, en español, publicado por la Santa Sede.
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«No tienes que entenderlo todo para creer. Tienes que confiar lo suficiente para dar el primer paso, como Abraham, sin saber todavía a dónde te lleva Dios.»
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