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2020
Francisco
Carta encíclica · 3 de octubre de 2020 · Asís

Fratelli Tutti

«Todos hermanos» — sobre la fraternidad y la amistad social

Autor: Francisco Tipo: Carta encíclica Fecha: 3 de octubre de 2020 Pilares: Persona humana · Opción por los pobres

Firmada sobre la tumba de san Francisco de Asís, en plena pandemia mundial, esta encíclica toma su título de las Admoniciones del Pobrecillo: «Fratelli tutti», «todos hermanos». Nace, en parte, de un encuentro: el diálogo del Papa con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb en Abu Dabi, que firmaron juntos un documento sobre la fraternidad humana. El mundo, dice Francisco, avanza sin un rumbo común; esta carta propone uno: una humanidad capaz de reconocerse hermana, más allá de fronteras, ideologías y religiones.

I

¿De qué trata esta carta?

El primer capítulo, «Las sombras de un mundo cerrado», es un diagnóstico sin anestesia: nacionalismos exasperados, una globalización que «nos hace más cercanos, pero no más hermanos», una «indiferencia cómoda, fría y globalizada», redes sociales donde florece «una agresividad sin pudor», y una pandemia que dejó al descubierto que, pese a estar hiperconectados, somos incapaces de actuar juntos. Francisco lo resume con una imagen dura: vivimos rodeados de muros —«cualquiera que levante un muro […] terminará siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido»—.

El corazón teológico de la encíclica es, sin embargo, otra cosa: una relectura completa de la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37). Frente al hombre herido y tirado al costado del camino, hay tres reacciones posibles: la del salteador que lo golpeó, la del sacerdote y el levita que «pasan de largo» —religiosos, cumplidores, pero indiferentes—, y la del samaritano, un extranjero despreciado por los judíos de su época, que «se hizo prójimo». Francisco pregunta, sin rodeos: «¿Con quién te identificas?». Y advierte: «todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano».

A partir de esa parábola, la encíclica despliega su propuesta de «amistad social» y fraternidad universal: una sociedad que integra al migrante en lugar de descartarlo, que entiende la política como una forma de caridad («si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río […] el político le construye un puente, y eso también es caridad»), que sabe distinguir entre perdón y olvido, y que rechaza tanto la guerra «justificada» como la pena de muerte. El libro termina con un capítulo dedicado al diálogo interreligioso, recordando que ninguna religión auténtica puede justificar el odio en nombre de Dios.

«Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad […]. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos.» Cf. Fratelli Tutti, n. 77
II

Desafíos para el pueblo cristiano

Francisco no escribe sobre «la sociedad» en abstracto: escribe sobre cada conversación de sobremesa, cada comentario en redes, cada vez que decidiste mirar para otro lado.

Sacerdote, levita o samaritano

Ante el dolor concreto que tienes delante hoy —no en abstracto, sino el de alguien real—, ¿pasas de largo como quien tiene prisa, o te detienes como el samaritano?

Los muros que construyes sin notarlo

¿Qué prejuicio —de nacionalidad, clase social, partido político, color de piel— te impide reconocer en el otro a un verdadero hermano?

Agresividad sin pudor en las pantallas

¿Usas las redes sociales para destruir reputaciones, ridiculizar al que piensa distinto o sumarte a un «linchamiento» digital colectivo?

El migrante: ¿amenaza o hermano?

¿Ves en quien migra a alguien que «viene a quitarte algo», o reconoces que también tú —en otro momento, en otro lugar— podrías ser el extranjero necesitado?

La política como forma de caridad

¿Tu participación cívica busca el bien común, o solo «ganar» la discusión y humillar al adversario?

Perdonar sin olvidar, sin vengarse

¿Confundes el perdón con resignarte a la injusticia, o la justicia con una excusa para alimentar tu propio rencor?

III

Fundamento bíblico

Toda la encíclica gira alrededor de una sola parábola y de la pregunta que la origina: «¿Quién es mi prójimo?». Lee estos pasajes con esa pregunta abierta en el corazón.

La parábola del buen samaritano, columna vertebral de toda la encíclica. Léela completa, despacio, y pregúntate honestamente con cuál de los personajes te identificas hoy.

Lucas 10:25-37

«¿Dónde está Abel tu hermano? […] ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?» La primera evasión de responsabilidad fraterna de la historia humana sigue resonando hoy.

Génesis 4:9

«Fui forastero, y me recibisteis.» Jesús se identifica directamente con el migrante, el desplazado, el que no tiene papeles ni techo seguro.

Mateo 25:35

«Amad a vuestros enemigos […] para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.» El amor cristiano no se reduce a quienes ya nos caen bien.

Mateo 5:44-45

«Todos vosotros sois hermanos.» Jesús no dice «algunos», ni «los de mi grupo»: dice todos, sin excepción ni condición.

Mateo 23:8

«Ya no hay judío ni griego […] porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» Las categorías que el mundo usa para separar, en Cristo pierden su poder de exclusión.

Gálatas 3:28

«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso.» Una de las frases más exigentes de toda la Escritura sobre la coherencia entre fe y amor concreto.

1 Juan 4:20
Un alto en el camino
IV

Preguntas para el examen del corazón

Francisco pregunta «¿con quién te identificas?» sin esperar una respuesta cómoda. Tampoco esta lista la espera.

  1. Frente al hombre herido al costado del camino de tu vida diaria —puede ser un compañero, un vecino, un desconocido—, ¿de qué lado estuviste hoy: del que pasa de largo, del que asalta, o del que se detiene?
  2. ¿A quién consideras hoy «menos prójimo» por su nacionalidad, su color de piel, su situación migratoria, su orientación política o su forma de creer?
  3. ¿Cuántas veces participaste, con un comentario, un «me gusta» o un silencio cómplice, en humillar digitalmente a alguien, sin medir el daño real que provocabas?
  4. ¿Tu participación en la vida pública busca de verdad el bien común, o solo destruir al que piensa distinto para sentirte ganador de una discusión?
  5. ¿Hay alguien a quien todavía debes perdonar de corazón —no olvidar lo que pasó, sino dejar de alimentar el odio— para poder seguir construyendo tu propia paz?
  6. ¿Tratas la fraternidad universal como un eslogan bonito para repetir, o estás dispuesto a que te cueste algo concreto: tiempo, dinero, comodidad, prestigio social?
  7. ¿Reconoces en el extranjero, el migrante, el distinto a ti, una verdadera oportunidad de encontrarte con Dios, o solo un «problema» que preferirías que otro resolviera?
V

Para profundizar

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El texto íntegro y oficial de Fratelli Tutti, en español, publicado por la Santa Sede.

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«No hace falta esperar a que el mundo entero cambie. Hoy, en lo concreto de tu día, hay un hombre herido al costado de tu camino. La pregunta no es teórica: ¿vas a detenerte?»

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