Archivo / Exhortación apostólica / 2013
«La alegría del Evangelio» — el programa de un pontificado, y de toda vida cristiana
El primer gran texto propio de Francisco, escrito tras el Sínodo sobre la nueva evangelización. No es un manual de pastoral: es una invitación directa, casi personal, a cada cristiano para que se deje «salvar» por Cristo y, desde esa alegría, salga al encuentro del mundo —empezando por los pobres— en lugar de quedarse encerrado en una fe segura, cómoda y autorreferencial.
Francisco abre el documento con una frase que es, a la vez, diagnóstico y promesa: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús». El problema de tantos cristianos hoy no es la falta de doctrina, sino la falta de ese encuentro vivo: por eso hay tanta fe triste, tanta práctica sin entusiasmo, tanta «cuaresma sin Pascua». La exhortación quiere despertar esa alegría perdida y, desde ella, lanzar a la Iglesia entera a una «nueva etapa evangelizadora».
El corazón del documento es la imagen de una Iglesia «en salida»: una comunidad que no espera que el mundo venga a golpear su puerta, sino que sale a las calles, a las periferias geográficas y existenciales, dispuesta a «primerear» (tomar la iniciativa), involucrarse, acompañar, fructificar y festejar. Una Iglesia que prefiere «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro».
Pero Evangelii Gaudium no se queda en lo espiritual: dedica páginas enteras a lo que llama «algunos desafíos del mundo actual», con frases que se hicieron célebres precisamente por su dureza evangélica: «No a una economía de la exclusión», «No a la nueva idolatría del dinero», «No a un dinero que gobierna en lugar de servir», «No a la inequidad que genera violencia». El mensaje es claro: el anuncio del Evangelio tiene, inevitablemente, una dimensión social. No se puede proclamar a Cristo y, al mismo tiempo, ser indiferente ante un sistema que descarta personas como si fueran basura.
No es un texto para admirar desde lejos. Es un texto que pregunta, sin pedir permiso, qué clase de cristiano eres tú: uno «en salida» o uno «autorreferencial».
¿Tu cara, tus palabras, tu manera de vivir el domingo transmiten la alegría del Evangelio, o parecen más bien un trámite cumplido con resignación?
¿Sales tú —en tu parroquia, tu familia, tu trabajo— al encuentro del que sufre, o esperas cómodamente que venga a buscarte a tu zona conocida?
¿Tus decisiones de consumo, ahorro o inversión alimentan, aunque sea sin saberlo, sistemas que excluyen y descartan personas?
Pregúntate con honestidad: ¿qué adoras realmente con tu tiempo, tu energía y tu dinero? ¿Es Dios, o es otra cosa que has puesto en su lugar?
¿Reduces la opción por los pobres a una postura ideológica de izquierda o derecha, en vez de reconocerla como el centro mismo del Evangelio?
¿Hablas de Cristo solo cuando te conviene, o tu vida entera —tu manera de tratar, de perdonar, de compartir— ya predica sin necesidad de palabras?
Cada palabra de Francisco en este documento bebe directamente del Evangelio. Abre estos pasajes y deja que te alcancen.
«El Espíritu del Señor está sobre mí […] para dar buenas nuevas a los pobres.» El primer discurso público de Jesús ya define su misión: anunciar buenas noticias a los que menos tienen.
Lucas 4:18-19La oveja perdida: el pastor deja a las noventa y nueve para ir a buscar a la una. Así es la lógica de Dios: nunca resigna a nadie, nunca se conforma con los de adentro.
Lucas 15:1-7«Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.» La evangelización no busca sumar adeptos: busca una vida más plena, también para el cuerpo y la sociedad.
Juan 10:10El juicio de las naciones: «Cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.» El criterio final de la vida cristiana no es la doctrina que recitas, sino el rostro al que serviste.
Mateo 25:31-46La primera comunidad cristiana «tenía todas las cosas en común»: ninguno padecía necesidad. La fraternidad económica no fue un añadido posterior: nació con la Iglesia misma.
Hechos 2:42-47«La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.» Una fe que no se traduce en cuidado concreto del otro no es todavía fe cristiana: es solo una idea sobre Dios.
Santiago 2:14-17«El que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?» Una pregunta incómoda que ninguna excusa económica puede esquivar del todo.
1 Juan 3:17-18Francisco no escribió esto para que lo admires: lo escribió para que salgas de la modorra espiritual. Detente aquí más tiempo del que crees necesario.
Guarda esta página o imprímela para leerla sin pantalla, subrayar y compartirla en un grupo de oración o de formación.
El texto íntegro y oficial de Evangelii Gaudium, en español, publicado por la Santa Sede.
Leer en vatican.va ↗Si has guardado el PDF oficial en la carpeta /Textos de este sitio con
el nombre evangelii_gaudium.pdf, podrás abrirlo aquí.
¿No encuentras el PDF? Descárgalo desde vatican.va y guárdalo en la
carpeta /Textos con el nombre indicado: así este botón funcionará para
siempre, sin conexión.
«No se puede vivir tibiamente, como anestesiados. […] El que se arriesga, no se equivoca cuando vuelve a su pueblo con las manos vacías: vuelve con el rostro de alguien a quien amó.»
Para meditar antes de cerrar esta página